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LA RE SESIÓN DE MAURICIO

Nuestro Presidente habló durante una hora de corrido y sin pifiarla mientras leía, eso debería ser noticia. Pidió una “revolución educativa” y dijo que “cada año vamos a estar mejor”. Cuando terminó de decir eso un empleado de Clarín se dedicaba a tipear para ponerlo en tapa, a pesar de que contaba con una copia del discurso, ya que un clon suyo lo había escrito horas antes mientras desayunaba en un exclusivo hotel del centro porteño. “Poneme las letras grandes que no veo una chota”, le habría dicho Mauricio a su ayudante, “no quiero pasar por un gil que no sabe leer bien, a Maradona me lo voy a morfar como a un pancho si me sigue jodiendo con que no se leer”.

Repasaron los puntos claves del discurso: “No a los slogan”, “Sí a que gobierne la división más cheta de un colegio careta”, “No al relato”, “Sí a las cloacas libres de lagartos y tortugas ninja”, “No a las mujeres que se llaman Cristina”, “No a la tolerancia con los ladrones de Cachafaz”, “Sí a la obra pública con sobreprecios que zafan de ser calificados como corrupción”, “No a la década de despilfarro y corrupción”, “Sí a olvidarnos de las ideologías”, y así seguía. Macri repasó el discurso una vez mientras cagaba, cuando se dio cuenta de que no tenía para limpiarse abrió la puerta y gritó: “¡¡Quintana!! ¡Pasame otro guardapolvo para limpiarme el orto que ya se me acabaron!”.

Acto seguido salieron camino al Congreso. Esta vez no llovía, pero tal vez por el extremo calor que hace en Buenos Aires casi nadie fue a escuchar el discurso de Mauricio. Sólo lo escoltaba la caballería, unos pobres hombres que no tenían franco. Había más policía y efectivos de gendarmería de los que se necesitan en un Boca-River con visitantes y gas mostaza.

 

Otro factor que pudo haber afectado la convocatoria fue el discurso casi simultáneo de Donald “Duck” Trump, su colega mandatario en el reino animal. Los guionistas deberían haber sabido que luego de un fin de semana largo lleno de delincuentes bailando al ritmo de sonidos tribales por las calles de nuestro país, el pueblo querría escuchar un discurso firme que hable de muros antivilleros y fronteras antinegros. Donald 1, Silvestre 0. El discurso de Mauricio mostró todos los signos de oratoria de alguien que nunca tuvo su propio reality show. Macri no se centró en ningún tema en particular ya que no hay nada bueno para decir de ninguno. Habló de todo porque no hizo nada.

El momento más difícil fue posterior. La hora de corrido sólo pudo lograrse siguiendo minuciosamente el texto con la punta del dedo índice de su mano derecha. Es entendible, no cualquiera puede afirmar que el agua potable para las personas es una prioridad al mismo tiempo que le quita impuestos a la minería y entrega la cordillera y sus glaciares, sumarse al #Niunamenos y desfinanciar los programas de apoyo a las víctimas de violencia de género, resaltar el papel de los docentes y negarles una paritaria nacional, hablar de la lucha contra la corrupción y autoperdonarse una deuda de miles de millones de pesos, destacar la ciencia y la innovación y recortar su presupuesto. Por eso necesitó seguir la lectura con el dedo derecho, el mismo que utilizó para sostener el guardapolvo.

“Que Bonnie & Clyde ahora estén re viejos no quiere decir que hayan perdido credibilidad, LaLa Land es una gran película, y se merecía el Oscar. Por eso creo, no en lo que está escrito para decirse, sino en lo que uno va improvisando sobre la marcha, aunque no entienda qué dice este papel que pedí en letras grandes pero nadie me hizo caso”. Al momento de esta parte del discurso el audio fue cortado en el recinto y en la tele pixelaron todo hasta que le pasaran otra copia que se leyera mejor. Si los iraníes pudieron censurar el escote de Charlize Theron, nuestro aparato gubernamental pudo hacer pasar por un político responsable a Mauricio “Barbie Doll” Macri. El discurso siguió en marcha hacia el lugar que apuntaba: “Todo está bien”, “estamos insertados en el mundo porque pedimos deuda como para vivir un par de años sin laburar”. Al mismo tiempo habló sobre que “después de una década de despilfarro y corrupción, empezamos a normalizar el sector energético”. Todo el mundo aplaudió, para que no se escuchara que en La Plata y Ensenada estuvieron como un mes sin luz.

Algunos dicen que estamos en la época de la postverdad, donde los hechos influyen menos en la formación de la opinión pública que las apelaciones a la emoción y a las creencias personales. Escuchando a “The Cat” no queda otra opción que refutar esta hipótesis y hablar de postconciencia lobotomizada. Así que fiel al espíritu impresentable que nos caracteriza, vamos a enfocarnos en el aspecto positivo de esta jornada: durante una hora Mauricio no firmó ningún decreto de necesidad y urgencia, no se equivocó al bajarle la jubilación a nadie y no le perdonaron ninguna deuda millonaria a su familia.

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