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HORCAS ENCENDIÓ FLORES

A las 21 las luces se apagaron y el telón se corrió para desatar una avalancha de 25 temas de Horcas que durante dos horas sin concesiones no dejaron oído sin linchar. Las luces enfocaron la batería elevada sobre el escenario bajo los reflectores que iluminaban el logo de la banda. Uno, dos, tres golpes y la banda entró como una topadora en dirección a un precipicio sin fondo. Arrancaron con “Indiferencia”, tema del último disco, Por Tu Honor (2013), y ni bien terminó le pegaron “Reacción”, que hizo vibrar los fantasmas de las butacas que hubo alguna vez en El Teatro.

La puesta en escena era perfecta, como para repetirla mil veces. El escenario incluía dos paredes de Marshall y una pasarela que se metía entre el público. Para la tercer canción, “Rompo el dolor”, la banda dejó las cosas en claro: no hay que ponerse entre Horcas y su canción porque te llevan puesto. Mariano Martin es una ametralladora, puede hacerte agujeros en el pecho si no estás listo para absorber los golpes de su batería; y el bajo del Topo Yañez ataca con sus notas sólidas en cada bombo sin dejar de lado esos atinados arreglos que hacen a la canción. Juntos parecían propulsarse entre sí.

Pero la magia de Horcas no radica sólo en su base: el tándem de guitarras Coria-Simcic está más ajustado que nunca y juega un rol clave en la emotividad de sus presentaciones. De un lado está Sebastián, solo, serio, machacante, con una Gibson Les Paul, y del otro está Lucas, junto al bajo, sonriente, melodioso, con una Flying V de luthier. Sus solos combinados en temas como “En la Jaula” o “Agonía”, demuestran qué manera de trabajar adoptaron desde que Lucas se unió a la banda en 2012: composición y ejecución en conjunto, dos guitarras que hacen una y el sonidos estudiado para que las notas no se pierdan en el aire como ruido.

El segundo acto, luego de “Abre tus ojos” y un tema nuevo llamado “Real/Irreal”, arrancó con la pista de introducción del álbum Reviviendo Huestes (2008), para que la banda ejecute el triplete “Nacer Morir”, “Existir por existir” y “Familia”, unos temas que no tocaban hace un tiempo. Esta secuencia la utilizaron durante años para iniciar sus recitales, tal como quedó registrado en el DVD La maldición continúa (2010). Sólo que esta vez no lo usaron para el inicio, sino para levantar el ambiente a la mitad de la noche. Esto demostró que hasta las canciones más nuevas de Horcas se han convertido en clásicos con derecho propio, y que son temas que han sido compuestos para superar la prueba del paso del tiempo. Este fue uno de los picos de violencia del show.

Otro momento cumbre de la noche fue cuando subió al escenario Gabriel Lis, el ex guitarrista de la banda que tocó con ellos entre  1999 y 2012. Subió con una Telecaster y se tocó un mini blues para entrar en calor. Lo acompañó Cristian “Titi” Lapolla, bajista de A.N.I.M.A.L.. De esa manera, a dos bajos y tres guitarras, tocaron “Esperanza”, un tema que siempre suena bien y es emotivo, pero que esta vez fue tremendo, para la historia. La potencia era arrolladora, la gente cantaba por encima del sonido de estadios que movía El Teatro. Casi tiran todo abajo, hubo movimientos sísmicos que atacaron las columnas del lugar, las paredes se agrietaron… o al menos eso representó la canción. El sólo de Lis fue de concertista; fino y desmedido a la vez, y con esos rulos canosos parece Brian May. Para el final del tema los siete músicos sobre el escenario parecían la caravana de Mad Max con los bombos y el guitarrista de cacería en el desierto que dejó el apocalípsis.

Horcas recorrió un largo camino hasta llegar a ese Teatro, esa noche, en ese barrio de Buenos Aires. Durante los últimos tres meses y medio pasó por una gira por el sur, la separación con Guillermo de Luca que tocó 20 años en la banda, la incorporación de Mariano, el regreso en un recital en Laferrere que fue como un parto, otro recital en Avellaneda, grabaciones de audio y video en el estudio, gira por Mendoza y La Rioja, donde fueron por primera vez. Antes pasaron por Córdoba, donde tuvieron que suspender un recital porque el organizador era un falopa que no tenía para pagarles. Todos hicieron entrevistas exhaustivas, para un libro que se va a escribir sobre la banda. Salieron de gira de nuevo al Sur, Walter Meza se descompuso en el primer tema de un recital en Puerto Madryn y no pudo cantar, tuvieron que suspender y salir a otra ciudad para tocar al otro día. Mal dormir, mal comer. También dieron una conferencia de prensa en el Bar El Cuarto Apostol e hicieron un acústico en Vorterix en el programa de Dani Jiménez. Todo este camino es parte del sacrificio de ser músico. De esto habla la letra de “Vencer”, que esta vez le dedicaron al “recuerdo de nuestros músicos Osvaldo Civile, Norberto ‘Pappo’ Napolitano, Willy Gardi, Luis Valenti y Juan ‘Locomotora’ Espósito”, estos tres últimos integrantes de El Reloj.

Para el final dejaron “Solución Suicida”, que funcionó como un bautismo definitivo para la nueva formación, tocada como en el disco Oid Mortales El Grito Sangrado (1992), con el mismo tempo y el mismo final. Una interpretación que los consolidó en escena frente a sus seguidores como una banda con pasado, presente y futuro. Luego cerraron con “Sin Salida”, también del último disco, otro tema nuevo que se ha vuelto clásico al punto de usarlo para cerrar todas sus presentaciones. Lo que nos devuelve al asunto de que Horcas todavía crea clásicos, no vive del pasado, y que mientras tanto, de una manera o de otra, continúa con la tarea de componer la banda de sonido de nuestras vidas.

Ta Cho

Foto: Martín DarkSoul

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