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Obama Come Home

Ni 40 años más ni 40 años menos, la visita del Presidente del país más poronga del mundo ocurre en “el momento preciso”.

La city porteña estaba más City que nunca. La visita de Obama hizo que cortaran las calles y que la gente no pudiera llegar al trabajo: “Dejame pasar, no existe ninguna resolución escrita que diga que no puedo ir a trabajar porque el presidente de los Estados Unidos está en la misma cuadra”, le gritó una señora indignada, y bastante letrada, al policía-piquetero de turno. “Váyanse a trabajar, vagos”, “Cortan la calle para que dos personas se junten a hacerse los que charlan mientras miles vemos interrumpida nuestra circulación y no podemos laburar”, dijeron otros.

Las medidas de seguridad incluyeron unos 400 agentes del servicio secreto y militares con una flota de camionetas blindadas que llegaron al país en un avión que a su vez venía dentro de otro avión más grande. Todo esto para escoltar a La Bestia, al negro bravo: un perro poodle color oscuro que Michelle Obama le regaló a sus hijas la navidad pasada. Barack prometió a su familia que The Beast no correría peligro en países subdesarrollados. Por eso apodó a la limusina con el nombre del perro, porque el perro era su prioridad en su primera, única y última visita a la República Argentina.

Según el diario Clarín en un articulado titulado “Así es La Bestia”, la súper limusina que traslada a Obama (el Barackamovil) estaría equipada con ametralladoras, lanza misiles, lanzallamas y torpedos. También está blindada contra balas antitanque, ataques nucleares, maremotos, terremotos, picadura de dengue, zika y trapitos. Los yankis se esmeran en la seguridad; se excitan de solo pensar en todas las calles que pueden cerrar y cuántos francotiradores y guardaespaldas pueden pagar con dinero de los contribuyentes. Todo esto porque son orgullosos, no soportan que los rusos se rían de ellos porque se les murieron tres presidentes de cinco que balearon a quemarropa ¿Dónde carajo estaba el agente secreto que sueña con recibir una bala por su presidente?.

Andrew Jackson fue baleado en 1835 por Richard Lawrence, Abraham Lincoln fue asesinado por John Wilkes Booth cuando la Guerra de Secesión llegaba a su fin en 1865. En 1881 el presidente James A. Garfield, a seis meses de iniciar su mandato, recibió dos disparos de parte de Charles Jules Guiteau; falleció el 19 de septiembre de ese año a causa de una infección que le causaron los médicos cuando intentaron extraer la bala sin éxito. A John Fitzgerald Kennedy le destrozaron el marote frente al mundo entero en 1963 y a su hermano lo asesinaron igual de fácil en 1968. A Ronald Reagan le perforaron un pulmón en 1981. En resumen, el servicio secreto de Estados Unidos apesta, es ineficaz y es una pérdida de tiempo y dinero para el mundo.

Otra de las ya famosas costumbres estadounidenses que el bueno de Barack trajo consigo es la desclasificación de archivos sobre masacres o actos oscuros de los historia norteamericana, en este caso sobre la última dictadura militar, donde está más que probada su participación activa a la hora de avalar los planes represivos y económicos que condenaron al continente, una vez más, a estar en deuda eterna con ellos.

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Parece que 40 años no son nada para arrepentirse, así que seguirán sin tocarle los talones a la tan sentida y creíble disculpa del Papa (en representación de la Iglesia) a los pueblos originarios de América. De alguna manera suelen llegar tarde, cuando la extrema violencia sobre los cuerpos los deja exhaustos y agonizantes y da paso al acatamiento bajo el ala de una obediencia mansa. Del exterminio racista y colonialista y el exterminio ideológico setentista, pasamos a la TV y las series por Netflix. La Ley es mucho más potente cuando se internaliza que cuando se obliga a cumplir por la fuerza.

Ni 40 años más, ni 40 años menos. Ya lo dijo Mauricio: su visita ocurre en el momento preciso. En ese justo instante donde gran parte del continente se queja de la corrupción, pero lejos de proponer algo superador, emergen las derechas más puras de toda la región, una hermosas derechas, que al menos en nuestro caso demostró que la transparencia y la honestidad no son parte de sus virtudes. Sólo basta mirar la gestión en la Ciudad de Buenos Aires, los casos de corrupción y su similitud con los hechos a nivel nacional. Ahora falta nada para que sean iguales en nivel de deudas financieras.

Así nos perfilamos a la derecha. Para que vengan bien cerca. Bien, bien cerca, a la mismísima Casa de Gobierno, a degustar nuestras comidas, beber nuestros vinos y entretener a nuestros líderes. Comparan gratuitamente a nuestros gauchos con sus cowboys, a nuestro dulce de leche con su mantequilla de maní, nuestros choripanes con sus hot dogs, sus vinos rosados con nuestros tintos, nuestras cervezas con sus beers, nuestros bifes con sus roast beef y a nuestras medialunas con sus donas. Digo gratuitamente porque pareciera que lo único gratis en nuestro país en esta parte de la historia es decir giladas, las 24 horas y por tv paga.

Así que recuerden, con ellos nada es gratis. Ni hablar, ni cenar, ni que vengan al país, ni que traigan a La Bestia, ni que nuestro presidente Mauricio Macri se la mame por debajo de la mesa. Qué hermosa estaba Michelle; tenían el mismo vestido con Juliana. Se supo que Antonia y las nenas Obama congeniaron bien. Ella les contó cómo se borraron del mapa sus hermanos cuando su papá se convirtió en un hombre poderoso y las nenas le dijeron que su papá es mucho más poderoso. Luego jugaron con Beast en una jaula para que al perro no le pasara nada. Michelle le sonreía sin parar, contenta porque Barack había cumplido con su promesa de cuidar a la bestia de los argentinos.

Finalmente Obama agradeció y bailó tango al ritmo de breakdance. Afuera la ciudad parecía un pueblo fantasma, no había nadie en la calle, solo plantas rodadoras. Algunos forajidos asaltaban el tren a vapor que en ese momento llegaba a la estación repleto de oro. Los problemas se resolvían a balazos. Algo había cambiado en el aire, algo imperceptible, algo que se había ido sin que nadie se diera cuenta.

Dr. Porcino

 

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