Type & hit enter to search

“Hay un quiebre en el que la música y el arte pasan de entretenerte a conmoverte”

Reportaje a John Goodblood, artista criado entre EEUU y Argentina que fusiona los sonidos del blues con la narrativa del tango.

John Goodblood es un hombre orquesta ambulante que no necesita acompañamiento para sonar bien y potente: un ejército de un solo hombre. Músico de blues y tango, toca la guitarra pero también se defiende con el bajo, el banjo, la percusión y el piano. Pero este trovador no actúa siempre solo, también lo hace junto a Los Buitres en todo lugar que haya para tocar en Capital.

Nació en Estados Unidos y vivió la mitad de su vida en la Argentina, donde se instaló aquí hace unos años, cuando decidió dedicarse a la música. Toca para el público que lo sigue, pero también en restaurantes y en la calle, en Cabildo y Juramento, a la tarde, sin amplificación, con la gente que vuelve apurada del trabajo, los celulares que se roban toda la atención, los autos que putean, los bondis que chillan y los camiones que recogen la basura. Hacerse escuchar entre el ruido es su principal talento.

Suele tomar su guitarra para explicar de qué está hablando, es la mejor manera que tiene para hacerse entender. Ya sea con un blues o con un tango, utiliza este recurso para graficar algunos de los sonidos que conoció en sus 23 años de vida. Para hablar es didáctico y algo elocuente en sus palabras; tiene buenos modales, habla inglés y castellano. Cuando lo conocí parecía peinado con gomina y ocultaba todo su pelo enmarañado que crece en vertical. Estaba vestido con un saco gris, chaleco, corbata, pantalón de vestir, bufanda y zapatos negros. Su look no coincide con su edad; su forma de interpretar canciones, tampoco. Tiene una voz nasal que expresa melodías con angustia y dramatismo. Sus canciones son teatrales, se cuecen en tres actos, y cuando terminan provocan en el oyente una variedad de preguntas urgentes de respuesta.

¿A partir de dónde construiste tu estilo?

Mi educación musical en lo que son influencias se las debo principalmente a mi familia. Viví desde los 6 años en Arlington, Virginia, y cada junio, cuando tenía vacaciones de verano, me venía y pasaba 2 ó 3 meses acá. Hice eso durante casi 12 años. Estuve muchos años sin veranos, viviendo entre inviernos, pero escuchando música de acá y de allá.

Creo que por un lado mi viejo me dio a Piazolla, Gardel, Creedance, los Redondos, Spinetta, Jorge Cafrune, Pugliese, Darienzo. Además de todos los grandes escritores argentinos como Cortázar, Borges y Arlt. Por el otro mi madre me mostró a los Beatles, Hendrix, Bob Dylan, Tom Waits, Eric Clapton y Led Zeppelin. El secundario lo hice en Nueva York. Ahí mi hermana, 4 años mayor, tenía amigos punks, que iban seguido (antes de que cerrara en 2007) al CBGB, el local de Hilly Kristal donde arrancaron los Ramones, Blondie y Talking Heads . Yo siempre tuve la música ahí presente, pero ella me hizo tomar conciencia sobre lo que era la gestación de movidas independientes y todo lo que tiene que ver con ese mundo, yo era muy ingenuo. Justo coincidió que cuando me mostró eso yo estaba tocando el bajo en una banda de jazz.

JG2

Supongo que soy un guiso de todo eso, todas esas cosas pasaron por mis oídos y mi cabeza. Eso entre otras cosas, como que de chico me dejaban en una guardería de una iglesia afroamericana donde escuchaba cantar al coro Gospel. Después me vine a estudiar porque no había un mango para pagar una universidad en Estados Unidos. Viviendo acá tuve una especie de epifanía sobre el blues y qué quería hacer con la música, fue un antes y un después en la vida. Ahí empecé a escribir.

¿Cuándo empezaste a tocar?

Tenía unos vecinos cubanos, padre e hijo, que tenían una batería y una guitarra y me dieron un bajo para tocar con ellos. Yo tenía 10 años y entendí el instrumento de inmediato. Un mes después estaba en una sala de ensayo listo para zapar.

¿Por qué se te dio por tocar el banjo?

Es un instrumento interesante, tiene muchos armónicos. El cuerpo del banjo es un parche, como un redoblante. Hay distintas versiones sobre su origen: que los empezaron a hacer en la guerra civil con parches militares, que es africano, o que en realidad llegó a Estados Unidos por los irlandeses, como tantas cosas. A los irlandeses se les pudrió la papa que era lo que más plantaban y tuvieron que emigrar. Trajeron el banjo, el acordeón a botones, varios tipos de flauta. El banjo está asociado a los negros y al dixieland, pero también se supone que es bien celta. Hay un montón de debates sobre cómo llegan esos instrumentos a Estados Unidos ¿Cómo llega el acordeón? ¿Llega con la música polaca o austríaca? ¿Con los gitanos o con los irlandeses? Regionalmente hay un montón de cosas interesantes que pasaron tanto allá como acá en el Río de la Plata que fue un flujo de influencias culturales increíbles, una cama caliente.

Hace un par de años escuché un disco de Les Loups, el trío que integraba Gastón Bueno Lobo con Oscar Alemán. Lobo, que era brasileño, había viajado a Hawai, donde aprendió a tocar la técnica de slide hawaiano, que era un recurso distinto al slide del blues, que es más líquido, esto en cambio es slide con control. El tipo volvió a Latinoamérica, formó un grupo con Oscar Alemán y empezaron a tocar standars de tango y temas propios con la melodía hecha con slide. Pienso que es el arquetipo de lo que soy yo: una mezcla de lo argentino y lo sajón.

¿Te interesa mucho el origen de los sonidos que interpretás?

Sí, creo que de eso se trata. Escuché a un antropólogo decir (no sé si es cierto esto, pero sirve como ejemplo) que en Bavaria en 1700 muchas personas que interpretaban en las montañas el canto a la tirolesa (ese “ioreley ji ju” que alterna graves y agudos), emigraron a México y comenzaron a mostrarle esas canciones a los obreros. Parece que a partir de ahí nace la música mariachi. Después los hawaianos contrataron obreros mexicanos que les mostraron el canto mariachi que hizo que naciera el canto hawaiano pop de los años 20. Y es increíble eso porque sucede antes de internet, la televisión o la radio, casi, inclusive. Me parece muy interesante cómo distintos flujos poblacionales llevan sus influencias a un lugar y se crea un sincretismo. Para mí los máximos exponentes de esto en los últimos 200 años son el jazz y el tango, que es la perfecta mezcla de influencias culturales africanas y de casi todo el mundo, los dos ritmos más famosos y reconocibles del mundo. El folklore argentino es el blues de allá, y su jazz es como nuestro tango. En los dos lugares sucedió algo similar.

¿Qué diferencias notás entre el under de Nueva York y el de Buenos Aires?

Toda la gente que conozco que está en New York haciendo música quiere viajar para este lado o para Europa porque no hay una escena under sustentable. Hay cosas, pero acá en Argentina la gente tiene una picardía más business inmediato. Hay valores más de la vieja escuela del negocio que no se aplican en Estados Unidos, donde hay muchos lugares en los que siempre hay que pagar para tocar. No hay arreglos 70/30 ni ley de la música. Sin embargo pienso que allá el talento es altísimo, y no cualquiera se sube a un escenario. Eso pasa por cómo es la sociedad; hay una especie de vara que dice que tenés que ser bueno realmente. Y la gente que no la tiene clara no le da el huevo para subirse al escenario. Acá se sube absolutamente cualquiera.

Hiciste una versión de “High Water Everywhere” de Charlie Patton, un blues temprano que retrata las inundaciones del Mississippi de 1927. En la parte final se nota que le cambiaste la letra ¿Qué decís ahí?

La canción de Patton nombra personajes y lugares de esa época que se habían inundado. Yo cambié esos lugares de Mississippi por otros de Sillicon Valey, como Mark Zuckerberg. En una parte hablo de un nuevo Andy Warhol que pienso que está aislado y no lo podemos ver, por que el contenido que circula en la nube y las redes sociales es tanto que uno corre el riesgo de perderse en una nebulosa. Creo que hay un Warhol o un Davinci en algún lugar encerrado con su material y nadie lo encuentra.

¿Cómo te relacionaste con el Blues?

El cambio que tuve con respecto a esta música fue antes de venir a vivir al país. Había escuchado y había aprendido, porque al saber tocar jazz tenés que tocar blues. Y yo lo entendía en un aspecto teórico, pero creo que hay un quiebre en el que la música y el arte pasan de entretenerte a conmoverte. A mí me pasó eso con Robert Johnson, ese fue el quiebre. Fue entonces que me obsesioné. Como no son suficientes 29 canciones necesité conocer más artistas. Blind Willie McTell también me marcó mucho en lo lírico, era increíble, escribía películas, una cosas visuales tremendas, y era ciego ¿Cómo hacía?

Goodblood tiene una obsesión con Robert Johnson que da para más de una entrevista. Además están sus opiniones políticas y religiosas, su visión de la música y todo lo relacionado con Los Buitres, la banda que lo acompaña en vivo. Visiten esta web la semana que viene. Habrá más para leer.

Ta Cho

 

Comentarios en Facebook