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GRANDES MORALEJAS DEL TITANIC

A 104 años del hundimiento del transatlántico más lujoso y grande de su época, repasamos algunas de las historias más increíblemente extraordinarias que ocurrieron esa noche.  

charles

Charles Joughin jefe de panaderos del Titanic

El RMS Titanic se hundió hace 104 años en las aguas del Mar del Norte y allí permanece, a casi 4000 metros de profundidad, todavía. Muchísimas historias han sido contadas acerca de este colosal transatlántico, el más lujoso de su época, y hoy hemos seleccionado un puñado de aquellas que a nuestro parecer deben ser recordadas.

Walter Lord escribió el libro “A Night to remember” (1955) en base a los testimonios recogidos en diferentes entrevistas que el autor le realizó a 63 sobrevivientes. Uno de ellos era Charles Joughin, panadero en jefe de la embarcación. Cuando el barco chocó contra el iceberg, Charles despertó en su cama y subió a la cubierta de botes para enterarse de lo que sucedía. A partir de esto se dijo a sí mismo que en los botes salvavidas haría falta pan, por lo que envió a 13 panaderos a buscar en la reserva del barco para que subieran a los botes cada uno con 4 piezas, necesarias para la supervivencia en la fría noche que les esperaba. Luego de esto se retiró a su camarote a beber whisky.

A falta de oficiales que condujeran a los evacuados, los empleados del Titanic, con sus conocimientos básicos para trabajar en un barco, eran asignados a las diferentes embarcaciones para no dejar a los pasajeros a la deriva. Charles aceptó ser patrón del bote número 10, pero una vez en él, notó que había muchos hombres en la embarcación, por lo que decidió volver al barco para ayudar a arriar el bote. Según sus palabras, no quería dar mal ejemplo. Antes de eso había ayudado a subir por la fuerza a los botes a aquellas mujeres que se negaban a abandonar el barco porque sentían que el Titanic no se hundiría y que permanecer en él era más seguro.

Minutos después de la 1am, luego de abandonar el número 10, Charles bajó la empinada escalera a su camarote para tomar otro trago, consciente de lo que sucedía, ya que el agua entraba en su cuarto y mojaba sus zapatos. Tomó coraje y volvió a salir, no sin antes llenar de licor su petaca para el largo viaje que le esperaba. Salió justo a tiempo, un momento más y hubiera sido imposible subir a cubierta. Todos los botes ya habían partido y el caos reinaba. Charles no se desanimó, bajó a la cubierta B y comenzó a lanzar sillas por la ventana sin que nadie lo ayudara, tal vez con la esperanza de que algún náufrago pudiera utilizar la madera para flotar sin congelarse.

A las 2 y 10 pasó a la despensa de estribor de la cubierta A para otro trago (según él de agua). Escuchó el barco crujir, vio los platos de la cocina volar a su lado y sintió las corridas encima de él. Con asombroso equilibrio pasó de una cubierta a la otra, siempre evitando el alud de gente, y resistió el violento giro que dio el Titanic al partirse sin caerse. Una vez que el barco se encontraba empinado, Charles pasó del otro lado de la barandilla y contempló la catástrofe. Estaba justo donde terminan Jack y Rose en la película de 1997 de James Cameron. Por eso aparece en la cinta bebiendo de su petaca y cruza una mirada significativa con Kate Winslet antes de que el barco comenzara a hundirse definitivamente.

Joughin tal vez fue el último tripulante en abandonar el barco y, según su testimonio, apenas se mojó la cabeza; al parecer no sufrió la violenta succión que anticipa Di Caprio antes de que el barco desapareciera en el fondo del océano. El jefe de panadero flotó a la deriva y logró acercarse al bote plegable B, que se encontraba dado vuelta con personas a bordo que luchaban por mantener el equilibrio y alejar a los sobrevivientes que pretendían subirse a riesgo de tirar a todos. Charles fue reconocido por otro tripulante, el cocinero del primer plato, John Maynard, que tomo su mano, sin permitirle subir por la falta de espacio.

ultima noche

Casi todos los que permanecieron en el agua por más de 20 minutos murieron congelados, pero Charles no. Resistió durante dos horas hasta que fueron rescatados por el RMS Carpathia. Una cantidad excesiva de licor en la sangre podría haberlo matado, pero la cantidad justa le dio a Joughin, el envión necesario para estar varias horas insensible al frío sin más problemas que flotar y nadar en aguas casi congeladas. Es así que Walter Lord define este milagro como un hombre que permaneció con vida, “gracias a una sorprendente combinación de iniciativa, suerte y alcohol”.

En el Titanic viajaron dos argentinos: el pasajero de segunda Edgardo Andrew, que desapareció en el mar luego de darle su salvavidas a una pasajera inglesa, y Violeta Jessop, una camarera que trabajaba en Primera clase. Violeta nació en Bahía Blanca en 1887 y vivió la mayor parte de su vida en Inglaterra. Jessop ya había trabajado en uno de los barcos hermanos del Titanic, el RMS Olympic, y estaba a bordo de este cuando colisionó con el HMS Hawke y tuvo que ser remolcado al puerto. En esa oportunidad no hubo que lamentar muertos.

Luego de esta experiencia, Violeta trabajó en el viaje inaugural del Titanic y la noche de la tragedia terminó al cuidado de un bebé que le encargaron al arriar la embarcación número 16 en la que ella se salvaría. Por su capacidad y presencia, así como por su dominio del idioma inglés y español, Violeta continuó trabajando para la naviera White Star Line, y terminó por trabajar en el otro hermano del Titanic, el HMHS Britannic.

Este barco de lujo fue convertido en hospital durante la Primera Guerra Mundial y Violeta se unió a la tripulación como enfermera. Una mañana de noviembre de 1916, el Britannic fue hundido en el mar Egeo en 55 minutos por una mina o un torpedo. A esta altura no parecería curioso que Violeta Jessop haya sido parte de los 1125 sobrevivientes. No obstante, existe una información no debidamente chequeada que aparece en Wikipedia y forma parte de esta antigua leyenda. El caso es que en internet mencionan lo siguiente: “…murieron en el hundimiento 29 personas, cuando los dos botes en los que iban (arriados sin el permiso del puente de mando) fueron succionados por el vórtice de la hélice de babor. En uno de estos botes se encontraba Violeta Jessop (que anteriormente había sobrevivido al naufragio del Titanic y al accidente del Olympic), quien se salvó lanzándose al mar antes de que los botes fuesen destrozados por la hélice”.

“Por encima de todo lo demás, elTitanic marcó también el final de la sensación general de confianza”

Para finalizar, es oportuno recordar que cuando el Titanic se hundió los titulares de los diarios (y la sociedad en general) se encargaron de mencionar sólo los muertos que viajaban en Primera clase. En esa época aún no existían la farándula, los actores famosos, los músicos importantes ni los deportistas destacados. El público de los diarios se entretenía pensando en la vida de los millonarios, de los caballeros de frac que fumaban habanos y bebían brandi mientras hablaban de su dinero. Por eso Walter Lord se tomó el trabajo de explayarse en este sentido, con un retrato de época basado en su análisis y que aparece como reflexión en “A Night to remeber”: “Por encima de todo lo demás, el Titanic marcó también el final de la sensación general de confianza. Hasta entonces los hombres creían haber encontrado la respuesta a una vida civilizada, ordenada y firme. Por espacio de cien años el mundo occidental disfrutaba de paz. Por espacio de cien años los beneficios de la paz y del trabajo parecían filtrarse satisfactoriamente por la sociedad. Una mirada retrospectiva nos dirá que parecían existir pocos motivos de confianza, pero también entonces la gente creía que la vida era perfecta”.

“El Titanic les despertó. Jamás volverían a estar tan seguros de sí. Especialmente para la técnica fue un golpe terrible. Ahí estaba el barco <<insumergible>>, tal vez la máxima conquista de la ingeniería humana, hundiéndose en su primer viaje”.

“Pero el impacto fue más allá. Si esta obra suprema era tan tremendamente frágil, ¿qué ocurriría con los demás? Si la fortuna significaba tan poco en aquella fría noche de abril, ¿significaba mucho en el resto del año? Infinidad de sacerdotes dijeron que el Titanic era una advertencia del cielo para sacar a la gente de su complacencia, para castigarles por su gran fe en el progreso material. Si era una lección, fue efectiva… desde entonces la gente no ha vuelto a estar segura de nada”.

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Un diario de la época que se apresuró a dar la primicia: “Todos a salvo en el Titanic después de chocar”

El hundimiento del Titanic provocó que se implementaran todas las regulaciones marítimas que se siguen actualmente. Antes de eso todo era fe y pura soberbia. La muerte indiscriminada de pasajeros pobres fue un escándalo y las diferentes compañías nunca más pudieron volver a ser tan negligentes en este sentido. Esa estructura de metal, que se alzó en el mar como un juguete que Dios quiso para su juguetería personal, funciona como un instante bisagra en nuestra civilización. Por eso siempre es bueno recordar y analizar la historia; las moralejas son múltiples. Enseñanzas que dicen que un poco de alcohol en situaciones adversas nunca viene mal. Lecciones que demuestran que Violeta Jessop era Argentina, y también era un poco mufa. Parábolas del universo que nos hacen recordar lo bueno que es haber nacido más cerca de este siglo que del anterior, y no haber viajado en Tercera en el Titanic.

Texto: Ta Cho

Fotos: 1-3 Archivo, 2 Chuck