Type & hit enter to search

SANGRE GURKA

Hace doscientos años que los ingleses reclutan gurkas, mercenarios nepaleses que pelean todas sus batallas; el anacrónico fenómeno de comprar mano de obra para la guerra.

10450857_10205136198380477_8466745992820567134_n.jpg

A los costados de las montañas, en las afueras de Pokhara, una ciudad al pie del Himalaya a menos de 200 kilómetros de Katmandú, se pueden ver chicos de entre 15 y 19 años corriendo con ropa militar. Son los aspirantes que en diciembre se presentarán en el Centro de Reclutamiento Británico para intentar superar las durísimas pruebas físicas y ser aceptados como soldados gurkas. Este ejército de mercenarios, el último que existe en el mundo, es conocido por su bravura y entrega. Estos pibes se la pasan corriendo de lunes a lunes, repitiendo como un mantra: “mejor morir que ser un cobarde”. El honor consiste en poner el cuerpo en cuanta invasión y aventura bélica despliegan los ingleses por el globo.

Los gurkas son un pueblo guerrero originario de una aldea del Himalaya llamada Ghorka (en nepalés गोर्खा). De ahí surgió el temible ejército gurka que conquistó los territorios de Nepal para luego combatir al invasor inglés. Luego de que la Compañía Británica de Indias Orientales los derrotara en 1816, comenzaron a ser reclutados como mercenarios, primero por la Compañía y luego por el ejército británico. Cuenta la historia que los ingleses admiraron la fiereza con la que defendieron su territorio antes de convertirse en colonia.

Cabe suponer que en ese entonces los europeos tuvieron en mente el bajo costo de contratar mercenarios nepaleses. Nepal siempre fue un país pobre, eternamente hundido en un mar de miseria. A partir de la derrota de 1816, los gurkas combatieron en un sinnúmero de guerras. Desde casi un siglo antes de la I Guerra Mundial, en la cual participaron 100.000 gurkas y batallones enteros lucharon hasta el último hombre, pasando luego por la II Guerra Mundial y más recientemente la Guerra de Malvinas y Afganistán, estos mercenarios han sido carne de cañón del Imperio Británico.

 10425073_10205136201580557_94614575660638943_n.jpg

Aunque nunca entraron en combate durante la Guerra de Malvinas Malvinas, jugaron un papel decisivo en la guerra psicológica que desplegaron los ingleses para desmoralizar a la tropa argentina. Influenciados por la propaganda británica, los colimbas imaginaban al gurka como una bestia inhumana que cortaba cabezas con su cuchillo curvo típico, el kukri.  Los testimonios recogidos apenas terminada la guerra hablan de gurkas que corrían con el walkman en la cabeza, drogados hasta la médula, disparando a lo que se moviera. También corría el mito de que los gurkas se violaban los cádaveres que encontraban.  La profanación anal post-mortem aterrorizaba a los pibes.

Para convertirse en gurka se deben completar unas durísimas pruebas físicas, entre las que se incluye la carrera del doko, que consiste en correr 5 kilómetros en montaña mientras se carga  con una correa en la frente una cesta de mimbre que lleva 25 kilogramos de arena. Los aspirantes también deben aprobar exámenes de inglés, matemática y exigentes pruebas de modales y buen comportamiento. Escupir al suelo, una costumbre muy generalizada en Nepal, significa la descalificación automática. El gurka podrá ser una bestia en la batalla, pero en sociedad debe comportarse como un señorito inglés.

EL BAJO COSTO

“Ninguna nación ha tenido jamás soldados tan buenosy leales por tanto tiempo y a tan bajo costo”.

JP Cross, comandante gurka

Hoy es día de reclutamiento. A las puertas del Centro de Reclutamiento Británico se agolpan los amigos y familiares de los aspirantes, que esperan con ansiedad conocer los resultados. Todo se juega esta tarde. La competencia es feroz: cada año se presentan alrededor de 20.000 aspirantes para apenas 200 lugares. Ingresar al batallón gurka del British Army es acá un honor tan grande como ingresar al Carlos Pellegrini o al Nacional de Buenos Aires. Aunque a diferencia de los pibes argentinos, el viaje de egresados no lo hacen en Bariloche sino en Afganistán, cargando decenas de kilos en equipos y matando al primer barbudo que se les cruza.

Estos chicos son los hijos de uno de los países más pobres del planeta, que tiene cerca del 70% de la población por debajo de la línea de pobreza internacional, es decir que sobreviven con menos de UDS $1,25 por día. De ellos, se cree que la mitad vive con tan solo 16 dólares al mes, es decir UDS $0,5 al día. Casi 2 dólares vale el atado de Marlboro en cualquier kiosko de Katmandú. Tienen que elegir entre fumar un atado de la marca del cowboy o comer y viajar cuatro días.

Las posibilidades de lograr una vida más acomodada que la indigencia son muy escasas. El 80% de la población vive de la agricultura, en general de supervivencia. Nepal es un país del tamaño de Santa Fe, aunque allí dentro viven 60 millones de personas y sólo el 16% de las tierras son cultivables. La industria es prácticamente inexistente y el 60% del presupuesto del país depende de la neocaridad internacional, que llega mediante préstamos de organismos internacionales y ayuda económica de países ricos.

Antes de viajar aquí, imaginaba que por su posición estratégica entre los dos gigantes asiáticos, China y la India, era posible que en el futuro Nepal se convirtiese en un un actor regional de peso. Pero luego comprendí que como China y la India comparten casi 4.000 kilómetros de fronteras, no necesitan a Nepal.

Por otro lado, existen razones propias por las que China y Nepal casi no tienen tráfico económico entre ellos: la primera es la dificultad geográfica que presenta el terreno nepalí (8 de las 10 montañas más altas del mundo están aquí) y el otro es que entre China y Nepal se encuentra el Tibet, el eterno territorio rebelde chino, que jamás se sintió chino. A Nepal le ha tocado ser un peón en el Gran Juego por el control de Asia que ejercen China y la India, una batalla que se extiende desde Pakistán hasta Myanmar y en el cual el país gurka es apenas actor de cabotaje.

Un-nepal.jpg

Estas son razones de peso que ayudan a entender porque la situación económica de Nepal es pésima y que no sean pocos los niños de 10 años que inician un duro entrenamiento con la cabeza puesta en el reclutamiento. Lograr una plaza en el ejército británico significa salvar a la familia entera de la pobreza. El sueldo de un gurka es de $1.500 dólares al mes, una fortuna impensada que ni se compara con los UDS $125 que recibe el soldado del ejército nepalí. Ser soldado del ejército nacional no llega ni siquiera a ser un premio consuelo.

Los ingleses no son los únicos que importan sangre gurka. También lo hacen la India, Singapur y Brunei. El país de Ghandi y la resistencia pacífica, cuenta con 120.000 mercenarios nepaleses, a los que reclutan en forma directa, como Inglaterra, en virtud de un Tratado Internacional Tripartito de 1948 entre esos dos países y Nepal. Singapur y Brunei, por su parte, cuentan con unos pocos miles de soldados gurkas, que se conforman con comprárselos al país europeo.  Es que los ingleses siempre han sido, ante todo, grandes comerciantes.

A cada paso me persigue la pesimista idea de que en Nepal todo está perdido. Es quizá acá en donde se hace evidente que en el capitalismo, modelo limitado a la extracción y depredación de recursos naturales,  quedan regiones como esta que, por su pobreza material, resultan inviables. En la división antojadiza del globo que son las fronteras, a Nepal le ha tocado ser uno de los territorios más condenados.

por Dr. Nevsky

Fotos: Valeria Soledad