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A 40 AÑOS DE LA ÚLTIMA ALÍ VS. FRAZIER

En el transcurso de cuatro años, a principios de los 70, Muhammad Alí y Joe Frazier protagonizaron una trilogía de combates épicos que marcaron a fuego la historia del boxeo.

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La primera pelea entre Alí y Frazier fue en 1971 en el Madison Square Garden de Nueva York. Hacía menos de un año que Alí había retornado al boxeo profesional luego de la suspensión que recibió en 1967 por oponerse a ir a la guerra de Vietnam. Se enfrentaban dos boxeadores invictos, era un duelo de campeones y de estilos: por un lado el grandilocuente, estilista y fanfarrón Muhammad Alí, y por el otro, el serio y feroz Joe Frazier, quien a pesar de ser el poseedor del título tenía que soportar que parte del público, muchos periodistas y el mismísimo Muhammad lo trataran de “campeón de nada”, ya que nunca había enfrentado al que decían era el verdadero monarca. Se la denominó la pelea del siglo.

Luego de una durísima batalla de 15 rounds, en la que Alí fue a la lona por unos segundos a causa de una tremenda derecha de Frazier, el que asombró al mundo esa noche fue Joe, quien se llevó la pelea por puntos. Alí, lejos de aceptar la derrota, dijo que los jurados lo habían robado y pidió revancha.

El desquite no se pudo concretar sino hasta el 28 de enero de 1974, y también tuvo lugar en el Madison, pero sin título en juego, ya que Frazier lo había perdido frente a George Foreman. Alí esta vez se dedicó a mantener la distancia y sacudir cada vez que Joe se acercaba. Ganó la pelea por puntos en fallo unánime. Frazier también quedó disconforme con el fallo y el árbitro.

La tercera y última batalla se realizó en Manila, Filipinas, un 1° de octubre de 1975. Finalmente se decidiría quién era el mejor. El arrogante “Bocón de Kentucky”, Alí, le había quitado el cinturón de campeón a Foreman en una tremenda pelea el año anterior.

Desde que llegó a Manila no paró de insultar, menospreciar y burlar al pobre Joe, para quien a esas alturas ya era algo personal que superaba el marco deportivo. Alí se divertía y fanfarroneaba, le decía gorila, Tío Tom (negro pro blanco), feo, ignorante y más, mientras que Joe acumulaba bronca.

No sólo peleaban uno contra el otro, también lo hacían contra un calor de 50 grados. La tensión cortaba el aire como una navaja. Ni bien sonó la campana un Alí confiado lanzó sus jabs a distancia para frenar a Joe, que no se agachaba lo suficiente y recibía de lleno la izquierda de Alí. Los dos primeros rounds fueron para el campeón, quien no bailaba como había anunciado, pero de a poco Frazier comenzó a acortar la distancia y la pelea se fue tornando un agresivo mano a mano. A partir del cuarto asalto, Alí notó que a pesar de todos las golpes que logró conectar, Joe seguía avanzando. En el quinto asalto “Smokin´” Joe comenzó a dominar y ahogar a Ali contra las cuerdas. Lo golpeaba agresivamente con su gancho de derecha.

Joe no trataba de derribarlo, quería machacarlo. Durante seis asaltos consecutivos lo castigó, trabajando duramente sobre su cuerpo, clavándole golpes en el corazón, el hígado, los riñones y las caderas. Los órganos sufren y los músculos se entumecen. De a poco, Alí comenzó a perder velocidad y el control de la pelea. Llegando al asalto 11 Frazier se puso arriba en las tarjetas. Alí le dijo a su rincón que sentía que se moría y su médico, Ferdie Pacheco, le dijo: “Podés morirte después del round 15, ahora tenés que luchar”. La naturaleza del boxeo hace que sea un deporte en el que no se renuncia y mucho menos si tu nombre es Muhammad Alí. Los años de odio mutuo forjaron que ninguno quisiera rendirse, y que los últimos cinco asaltos se convirtieran en una masacre. Los dos estaban destrozados, pero Muhammad hizo uso de su tanque de reserva, comenzó a cerrarle los ojos por la hinchazón. Frazier en un descanso le dijo a Eddie Futch, su entrenador, que no podía ver la derecha de Alí, sumado a que su otro ojo desde hacía años no tenía buena visibilidad por un accidente en un entrenamiento.

En el round 13 Ali le voló de un derechazo el protector bucal a la quinta fila. Frazier seguía avanzando. Para esas alturas casi todas las manos de Muhammad se estrellaban en la cara de Joe, pero este no se detenía y Alí le dijo a su rincón: “Nunca vi a un hijo de puta que pueda aguantar así”.

Y llegó el asalto 14. La esquina de Joe le advirtió que si ese round no mejoraba suspendería la pelea. Ferdie Pacheco disparó: “Si quieren ver qué hace que la gente chille y se enajene en una pelea, vean el round 14 de este combate”.

Fue el más brutal de los 41 asaltos que habían disputado hasta ese momento. Alí quemó lo último de físico que le quedaba y lo golpeó con el jab, la derecha, abajo, arriba, casi sin tregua. No se entendía cómo, Joe, con los ojos casi cerrados y la boca sangrando, seguía avanzando.

Para ellos el combate era más importante que la vida y la muerte. Al finalizar el asalto, Joe, tambaleando, trataba de encontrar su rincón. Cuenta la leyenda que Muhammad le pidió a Angelo Dundee que le quitara los guantes, que no daba más. Mientras Alí le suplicaba a su esquina que detuvieran la pelea, en el otro rincón discutían por detener el combate, a lo que Frazier se negaba, hasta que Eddie Futch le preguntó cuántos dedos veía, mostrándole cuatro. “Uno”, contestó Joe. Eso fue todo. Eddie Futch se dio media vuelta y dijo: “No va más”. Angelo Dundee notó lo que pasaba mientras discutía con Ali y le gritó enérgicamente, “Parate que abandona”.

El campeón se paró, levantó los brazos y se desplomó. Había ganado la pelea. Momentos después confesó: “Nunca estuve tan cerca de la muerte, Frazier es el mejor boxeador de todos los tiempos, después de mi”.

Julio Gab

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