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HUMANOS, DROGAS Y SUEÑOS

Ensayo sobre el tráfico y la vida en las fronteras.

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“Hay sólo dos tipos de personas en este mundo: los que caminan y los que hablan. Los que hablan no hacen nada. Se la pasan convenciendo a la otra gente para que hagan lo que ellos no pueden. Los que caminan, bueno, esos ni siquiera tienen tiempo de hablar. Porque se la pasan ocupados trabajando. Entonces, ¿cuál vas a ser tú?”. Esa es la primera frase que dice el disco Desde la frontera de Funky Bless.

Fue producido en Ciudad Juárez, México; límite internacional con Estados Unidos del que las historias emergen como agua de manantial. Agua en guerra, agua de sangre. La música resulta tal vez el mejor espejo para reconocer qué piensa el pueblo trabajador de las desapariciones, las muertes, ejecuciones y tráfico de migrantes y estupefacientes en América del Norte.

El Tío Sam intenta ser todo. Allí, el control de la border patrol representa nada, dicen los que saben. En cualquier lado, las fronteras representan nada. Pero allí, como en las películas, los Marines atraviesan el muro que sólo los yanquis pueden atravesar. Entran a tierra de Pancho Villa disparando a los civiles, abusan. Y la música marca el mismísimo sound. Si quieren saber qué pasa en los lugares donde los humanos y las pastillas de éxtasis, metanfetaminas, hongos y la mejor hierba pasan de mano en mano escuchen a los grupos de México. Como lo hago yo ahora, en mi cama, en Rosario, Santa Fe, Argentina.

Desde mi casa huelo la pestilencia del Monumento a la Bandera. A veces hasta escucho los buques. Dicen los que dicen que saben que allá se va toda la droga que viene desde Bolivia. En la cantina los muchachos cuentan pecados negros, negrísimos, y la calle está pesada. No es esta una historia de niños ricos aventureros. Narraré la historia de nuestra capital narco que, utilizada como prisma a la luz de la realidad, hace que la música de México esté acá en la terraza, con la trompa de un carguero que se escapa por el Paraná.

“Pase lo que pase, esto más crece, el diablo sabe a quién se le aparece”. El parlante escupe a un cantante que se llama Babo: “No temas donde vayas, has de morir donde debes”. El diario La Capital está sobre la mesa. Apago los parlantes. Sección policiales, cualquier día de cualquier año hay pérdidas, despedidas, lágrimas. Título: “La muerte de mi madre sirvió para que sacaran un búnker después de 18 años”.  Así habla Juan Ponce (31), hijo de Mercedes Mecha Delgado, una militante social asesinada por delincuentes el 9 de enero de 2013 en las profundidades de Santa Fe. “Con tumbar un búnker donde se vende droga no alcanza. La cuestión pasa porque nuestros hijos estén educados para no consumir. El que vende la droga no se droga, junta la plata. Eso tenemos que tenerlo bien claro. Vos vas a hacer una denuncia a la comisaría, completás un papel en blanco y termina ahí. Queremos que la gente tome conciencia de que se puede vivir tranquilo. La cruel realidad es que ellos te limpian como quieren y cuando quieren. El Estado que tenemos es muy corrupto”.

Paredones y ríos

Donde hay tráfico hay fronteras, donde hay fronteras hay cursos de agua que se llevan la muerte. Porque si tenemos que hablar de límites, construir un número entero pensando en lo insignificante que es la vida de quien reconoce límites, solo diré: las fronteras no existen para la delincuencia.

Así es en Rosario, sobre el Paraná que se abre paso a Europa del Este para llevar la mejor cocaína… y en el Colorado que seco, marchito y contaminado es camino para las metanfetaminas erosivas que aniquilan a los gringos más tontos. Por allí vuelan las pastillas que nosotros los latinos no conocemos pero estimulan a los jerarcas del mundo para violarnos día a día.

En las fronteras hay historias. Y hay un diario en la mesa. “Once ciudadanos chinos víctimas de tráfico ilegal (…) Ninguno poseía los papeles para ingresar al territorio nacional. Todos fueron deportados desde la provincia de Misiones a Brasil y los dos argentinos que manejaban la camioneta quedaron detenidos” (Territorio 4/3/14).

Si tenemos que hablar de límites, solo diré: las fronteras no existen para la delincuencia.

La misma semana alguien dice algo parecido en Saltillo, Coahuila, a seis horas de Texas, a un poco menos de Nuevo Laredo, cerca de Monterrey. El cura católico Pedro Pantoja dirige una casa de refugio para personas que buscan alcanzar el sueño americano para poder surtirle una remesa a su familia inmersa entre maras y fierros. “El migrante es un muerto que camina sin nombre y sin entierro”, explica Pantoja (Rebelión 8/3/2014). “Una de las acusaciones que hacemos y lo tenemos comprobado es la complicidad de las autoridades policiacas, de las fuerzas de seguridad y de muchos funcionarios del gobierno, como también miembros del Instituto Nacional de Migración; tenemos las pruebas que ellos mismos han entrado en las negociaciones comerciales y en la trata de personas con fines de explotación sexual y laboral, y sobre todo los testimonios de los migrantes de cómo han encontrado en las casas de seguridad del crimen organizado a funcionarios públicos y policiacos que están recibiendo dinero”.

¿Entienden? Pues yo no. Pero al menos defino esto: las fronteras no existen para traficantes ni traficados. Solo existen para los que miran la televisión y respiran lo suficientemente despacio como para no pinchar la burbuja irreal que los lleva a interpretar un mapa político de la escuela primaria; lo interpretan delirantes como si esa verdad fuera menos malintencionada que todas las cosas que enseñan en los colegios. De jóvenes, en las aulas, le dicen a todo el que pisó la educación básica. Dicen los que dicen que saben que es no es posible superponer o incluso atravesar los límites. Al menos, no sin dinero.

¿Existen los límites en la Europa idealizada?

 Puesto que hay cientos de lugares desde donde las drogas y las personas traficadas parten hacia cientos de puntos distintos, el eje será Sudamérica – al menos por algunas líneas más -. A la luz de las incautaciones de cocaína que tuvieron como escenario los puertos y aeropuertos de Buenos Aires, podemos apreciar a simple vista que hay un engranaje destinado a exportar la cocaína peruana y boliviana -refinada tal vez en las provincias argentinas de Salta, Jujuy, Córdoba o Tucumán-. El destino final es Europa, con la península Ibérica como principal puerto de llegada. ¿Qué opinan los habitantes del Viejo Continente? Veamos.

Donde hay tráfico hay fronteras, y donde hay fronteras hay cursos de agua que se llevan la muerte.

La atención de los organismos internacionales reposa, en gran medida, sobre España. El país es considerado la puerta de acceso del crimen organizado. Allí se incauta, aproximadamente, el 41% de toda la cocaína que los productores, latinos en su mayoría, pretenden ingresar a Europa. El beneficio para los grupos del crimen organizado que actúan en ese país son ganancias de, al menos, 5.717 millones de euros anuales.

El ministro del Interior de España, Jorge Fernández Díaz, aseguró ante legisladores del Congreso que durante el primer trimestre de 201 los agentes de seguridad del Estado detuvieron, en los límites internacionales, 10.306 kilos de cocaína, según reportes de la Cadena SER.

Un informe de la Oficina Europea de Policía (Europol) advirtió que “grupos criminales mexicanos están traficando con armas de fuego del sureste de Europa para intercambiarlas con delincuentes involucrados en el comercio de cocaína en el centro de Sudamérica”. Desde el organismo indicaron que recientemente intervinieron en un plan desarrollado por el cártel de Sinaloa, comandado por el Chapo Guzmán cuando intentaba ampliar sus redes.

¿Cayó el jefe de jefes?

La historia de los cárteles mexicanos en general, y el de Sinaloa en particular – comandado por el recientemente capturado Guzmán- tiene muchas instancias en las que los traficantes se han convertido en benefactores sociales, tal como sucedió con Pablo Escobar en Colombia. El problema de las mafias es que confunden y, si bien no sacan a la luz sus negocios más oscuros, no quiere decir que estos no existan. Para los grandes grupos del delito organizado, el tráfico de mujeres es sólo un negocio más.

La caída de Guzmán no alterará el orden establecido. El panorama para México seguirá siendo el mismo. Para traficadas y traficantes. Según la Coalición Contra el Tráfico de Mujeres y Niñas para América Latina y el Caribe, sólo en 2012 la compra y venta de mujeres y niñas para la explotación sexual generó en el país 10.000 millones de dólares de ganancia pura. La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal identifica al tráfico humano como el segundo negocio más importante en el país después de la venta de narcóticos (BBC 16/11/2013).

¿Podría un narcotraficante de la talla de Guzmán, o los líderes del resto de las organizaciones delictivas que delimitan el rumbo económico y político de la gestión del presidente de México, Enrique Peña Nieto, estar afuera de este circuito? Si hasta los funcionarios aeroportuarios están involucrados, tal cual indicó Mario Luis Fuentes, director del Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social, al describir que autoridades públicas y privadas montan un secuestro para cuando los migrantes descienden del avión: “apenas bajan, un auto las espera” (La Opinión 23/9/13).

Allí nacen los relatos oscuros, que se multiplican de frontera en frontera. Aquí, sólo un extracto: “Me dejan en un cuartico chiquitico, obscuro. Entró el dueño, me dio una bofetada. Uno de los de seguridad me ha rasgado toda la ropa y el dueño dice que tienen que aprender a educar a las mujeres. Y me viola. Después me agarran de los cabellos. Uno mantenía mis brazos abiertos, otros mis piernas, me voltean y me violan por atrás. Me violan cuatro de seguridad, uno a uno. Siete meseros. Y quedo inconsciente. Lo último que recuerdo antes de perder el conocimiento es que había un tipo en mi rostro que se reía. Todos se reían. Sentía agua caliente en mi cuerpo. No era agua, era semen”.(Extracto del reportaje realizado por Juan Carlos Salazar a una joven secuestrada en Ciudad de México).

Ríos y paredones

El ruido de un tiro en mi barrio periférico me trae de vuelta a Rosario, donde crecí, donde fantaseo estas analogías. Un tiro más, otra despedida. Vivo en una humilde casa de las zonas castigadas, donde este artículo se narra en carne viva.

Basta, como siempre digo, con tomar el diario que está en la mesa para viajar a cualquier sitio. Pero hoy las noticias son tristes, porque las guerras siempre las pagan los inocentes. Acá, como en cualquier lado, los barcos salen con las drogas y los camiones pasan con las personas rumbo a la Capital Federal. Inmigrantes chinos o mujeres secuestradas del Norte que viajan rumbo al Sur.

Las fronteras nunca existieron. Pero sí las enseñaron para confundir. Son las seis de la mañana y el sol asoma por el río. Decido comprar el periódico antes de desayunar. Por la ventana veo la sangre sobre el agua.

 ¿Qué pasa en los barrios?

 La sangre que corre en las fronteras del tráfico es sangre inocente. La partida de los que no han cometido errores se impone en el escaparate de periódicos y revistas. Un asesinato macabro conmueve a la ciudad santafesina y cristaliza la situación. A las autoridades políticas y mafiosas, nada les importa más allá de mantener el flujo de dinero y drogas hacia el resto del mundo.

Melanie Navarro, una niña de 5 años, fue asesinada en enero de 2014. Sus familiares se movilizan diariamente para exigir la captura de los hombres que se enfrentaron a balazos en un asentamiento periférico y causaron la muerte de la pequeña. El escenario de la guerra narco. Los vecinos de Flammarión al 4900 confirman que los delincuentes que integran la banda están identificados, aunque “alguien les avisa de los allanamientos que se hicieron. Pero los tipos al rato que se fue la policía se sientan en la vereda a tomar mate”. A su vez, los parientes de la niña asesinada indicaron que fueron amenazados en reiteradas oportunidades por los sospechosos para que desistan de sus denuncias.

En los barrios, como siempre, caen los inocentes. Así, los inescrupulosos garantizan su negocio.

Marcos Zapata
Ilustración: Carnaza

Esta nota forma parte de “EN BUSCA DEL NARCO PERDIDO”,
el número 12 de Revista Doctor Gonzo.

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