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El maldito show del horror

Esta nota fue publicada en abril de 2011 en el número 5 de Revista Dr. Gonzo por PRENSA IMPRESENTABLE. En ese momento Fernando Carrera permanecía detenido mientras cumplía su condena. En 2013, el máximo tribunal ordenó a la Cámara de Casación Penal que revisara la sentencia y redujeron la pena de 30 a 15 años. El 25 de octubre de 2016 fue absuelto por la Suprema Corte de Justicia. 

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Termino de ver El Rati Horror Show, la última película de Enrique Piñeyro (antes hizo Whisky Romeo Zulu, Fuerza Aérea SA y Bye Bye Life), y me quedo como una boluda mirando la pantalla mientras El Reino del Revés me da un par de cachetazos. Sí, el de María Elena Walsh pero reversionado. Lástima que ella no hablaba en chiste, hoy de grande me doy cuenta de que era demasiado en serio.

Hago un recuento mental del equipo: un trío de jueces, un par de testigos truchos, canas de incógnito, un abogado ridículo, un fiscal patético y un procurador ciclotímico… digamos que sobran integrantes para armar una gran orgía en el castillo del Dr. Frank. El Dr. Frank es el científico travesti Dr. Frank-N-Furter de The Rocky Horror Picture Show. Quizás podríamos hacer The Rocky Horror Picture Show II con todos ellos… la pregunta es ¿quién haría del científico travesti? The Rocky Horror Picture Show es una adaptación de una obra de teatro que fue llevada al cine en 1975, ambas escritas por Richard O’Brien y Jim Sharman. En castellano se llamó Orgía de horror y locura. Recórcholis Batman… me parece que Piñeyro nos ganó de mano y ya hizo la segunda parte.

Sencillísimo Tato. Escúcheme bien. Supongamos que Piñeyro hubiera decidido escribir una historia de ficción que se trate de un tipo inocente al que le arman una causa… un policial bien porteño que podría ser, por ejemplo, en Pompeya. No podría faltar una espectacular escena de acción con una vertiginosa persecución por la ciudad, en un barrio lleno de gente, cerca de alguna iglesia, frente a una plaza… y mejor todavía, que al tipo le disparen 18 tiros pero que siga vivo y estando inconsciente agarre de contramano y se lleve puesto a alguno que pasa, tiene que ser una vieja o alguna madre con su nene, así es más dramático. No, no es verosímil, va a quedar demasiado forzado. Más si el final fuera que lo meten en cana sin tener pruebas… no… es lo peor que se le podría haber ocurrido a un guionista.

Es una pena que El Rati Horror Show no sea una pésima ficción agarrada de los pelos. Cuando Piñeyro leyó la nota y llegó a esta parte me dijo que está mal dicho “agarrada de los pelos” y que debería ser “tirada de los pelos” o (… no recuerdo la otra opción). El caso es tristemente real y llegó a sus manos por diferentes lados: un video de Youtube de El Juego Limpio, programa de Nelson Castro que le mostró su hijo y la investigación que Pablo Tesoriere (posteriormente el co-director) y Pablo Galfré hicieron sobre la causa.

Mi mayor curiosidad es qué carajo tiene que ver con The Rocky Horror Picture Show, película de la cual evidentemente El Rati toma su nombre. Claro que se me ocurren demasiadas respuestas relacionadas con el tema de la orgía de horror y locura del primer párrafo, pero prefiero que me lo cuente Piñeyro. Entonces decido ir a visitarlo.

Me acerco a la puerta de su productora Aquafilms y toco el timbre. “¿Hola?” (Pausa) “¿Quién es?” Hace unos segundos que estoy en stand by leyendo un graffiti escrito en la pared que dice Batman es Piñeyro. Me sonrío. La recepcionista me vuelve a preguntar quién soy. Recién ahí le contesto.

La estética del título- me dice Piñeyro- la sangre de la tipografía. La ironía del juego de palabras.” ¿Pero cómo llegaste a relacionarlas?, insisto ¿por qué pensaste en el Rocky cuando hacías el Rati? “Porque los dos son un horror show”. Tan simple era la cosa.

Piñeyro empapeló la ciudad con el afiche de su película. No había chance de no cruzarse con el grafiti del niño empuñando el arma y las letras goteando sangre. El Rati estaba en los carapantallas de las calles, en avisos en los diarios, las radios y en los bondis. Hasta me crucé con un cartel de casi media cuadra puesto frente a una comisaría en Vicente López. Salieron notas en todos los medios. El Rati literalmente inundó la ciudad.

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Cuando estrenó Whisky Romeo Zulu, su primer largometraje como director, dos muchachos que simulaban ser mensajeros en moto entraron a su productora de una forma muy poco amigable y amenazaron a Piñeyro. Previendo una suerte no muy diferente a la de aquellos años en los que sacó a la luz otro castillo del terror (el de Lapa), Piñeyro pidió custodia a la policía para su familia y su productora. Ningún problema, querido. Ningún problema hasta que corrió la noticia del argumento de la película (básicamente muestra el poco servicio a la comunidad que prestan las comisarías 34 y 36 y varios jueces y fiscales). Ahí se acordaron que casualmente no tenían personal disponible para cuidar el pellejo del cineasta. Tampoco gendarmería podía hacerlo. Cuestión que Piñeyro tuvo que sacar a su familia del país. Más tarde, finalmente le dieron custodia… sólo después de que empezó a contar su situación en los medios.

Pero lo casual del caso es que al día siguiente del estreno de la película… la eficiencia permitió que algunos muchachos sí tuvieran disponibilidad para acercarse a Luis Ríos y cerciorarse de advertirle sobre un posible nefasto destino que podría llegar a pasarle. Piñeyro me cuenta esto y me pregunto ¿Quién es Luis Ríos? Durante una de mis visitas, Piñeyro y su editor, Germán Cantore encontraron entre horas y horas de material de archivo el testimonio de Ríos, un vecino que presenció el 25 de enero La Masacre de Pompeya. Sus palabras eran claves para confirmar la declaración de Fernando Carrera (el que terminó en prisión por la causa armada)  ya que dice exactamente lo mismo que el condenado. Lamentablemente, el testimonio de Luis Ríos no se conoció durante el juicio.

Piñeyro se presentó dos veces ante la Corte Suprema junto a Adolfo Perez Esquivel y Nora Cortiñas (Presidenta de Madres de Plaza de Mayo, línea fundadora) bajo la figura de Amicus Curiae (amigo de la corte o amigo del tribunal), primero con un video que desarmaba la causa, luego con la película El Rati Horror Show y el testimonio de Ríos. En julio de 2010, la procuración general de la nación formada por Esteban Righi y sus secuaces dictaminó la confirmación de la condena de 30 años para Fernando Carrera.

A 35 años de su estreno, The Rocky Horror Picture Show sigue proyectándose en pequeñas salas en Estados Unidos y se ha convertido en una película de culto. Un horror show que persiste en el tiempo… quizás en eso también se parecen The Rocky y El Rati. Un show donde todos son una manga de putas pensando de dónde sacar una tajada, pisándose las cabezas entre ellos mientras devoran carne humana con una musiquita simpática de fondo… un show que se viene manteniendo por años. Pero el que nos cuenta Piñeyro no causa gracia. Bueno, en realidad su humor ácido es muy gracioso pero claramente me refiero a otra cosa. Es una función en la que vivimos hace años donde pareciera que todo es una joda y que se puede ir vagando por la vida con total impunidad.

Mirá el trailer:


El Rati se estrenó el 16 de septiembre y me resulta un misterio que haya durado tan poco en cartelera. “Bueno, el tema es así- me dice Piñeyro-: a) soy un artista incomprendido, b) la gente no quiere saber, c) mi cine es difícil, d) no hago concesiones, e) ninguna es correcta. Y poné que elijo la opción e)”. Durante varios meses El Rati se proyectó en diferentes lugares, desde cineclubes hasta en una jornada de lucha nacional por el asesinato de Mariano Ferreyra, todas organizadas de manera espontánea por la gente. Incluso, en diciembre de 2010 la película se transmitió por televisión en TN durante el programa de Santo Biasatti y fue vista por más de 300.000 personas. Además, Piñeyro hizo llegar una copia a cada diputado y senador nacional junto con una carta donde expresaba la necesidad de cambiar varias cosas, entre ellas, la instrucción que reciben los policías. Deben estar muy ocupados todos ellos honorables señores y señoras, porque nadie se molestó en hacer nada al respecto.

Batman nace en una ciudad violenta gobernada en su mayoría por gente corrompida por el poder donde los buenos muchachos escasean bastante y el ciudadano común no encuentra ningún lugar donde pedir ayuda. No, no hablo de Buenos Aires, me refiero a Ciudad Gótica. Piñeyro tampoco es muy diferente a Batman, excepto que el personaje del cómic anda por la vida enmascarado y el cineasta muestra su cara y se hace cargo de lo que dice. El punto es que es muy grave que Piñeyro sea un Batman porteño. Es grave que la gente lo vea como una de las pocas personas a las cuales acudir. A partir del estreno de El Rati Horror Show cientos de ciudadanos comunes se contactaron con él para contarle sus casos y pedirle ayuda ¿A dónde carajo fuimos a parar? ¿Cómo puede ser que la señora justicia no les de una mano en vez de pasearlos al pedo de un lado al otro durante años y años mientras ella toma unos tragos en la pileta? ¿Cuán al horno estamos como para que la gente tenga que pedir ayuda a un cineasta? Que no se mal entienda esto, no estoy desmereciendo el laburo de Piñeyro ni el de los cineastas. Al contrario, hay pocos objetivos más nobles para una película que el de ser útil para la sociedad. Pero la cosa pasa por otro lado: no es posible, no cabe en ninguna cabeza con un micrón de sentido común que toda una estructura policial y judicial permita y apañe los mocos que se mandan los ratis violentos. No puede suceder. No puede ser que vivamos en un nido de ratas donde las ratas que podrían hacer algo (o deberían, porque ese es su laburo) cierran la boca porque les ponen un pedacito de queso en el bolsillo. Total, que se cague la rata más gil, ciudadana común, que sí labura para ganarse el quesito de cada día.

Es una pena que El Rati no sea un musical divertido ni una ficción agarrada (o tirada) de los pelos, es un caso real, uno de tantos. Termino de ver la película y me queda la sensación de que Carrera seguro que no es culpable, no hay pruebas de que lo sea. Y si alguien no puede ser declarado culpable entonces es inocente. Y ahí arderá el castillo del terror, porque como dice Carrera en la entrevista que le hizo Piñeyro, “si yo soy inocente ¿quién es culpable?”.

Me cuesta encontrar un final para esta nota. Quizás porque la película está inevitablemente inconclusa. El Rati Horror Show va a terminar el día en que Fernando Carrera salga de la cárcel. Hasta que eso suceda seguiremos luchando por nuestro quesito, esperando el punto de giro que cambie esta maldita historia.

Mientras escribo esta última versión, el 10 de enero de 2011 muere María Elena Walsh. Quiero decir algo al respecto, pero todas las palabras que se me ocurren son chiquitas y estúpidas al lado de LAS palabras de esa gran mujer. Vuelvo a ver los créditos finales de El Rati Horror Show y escucho una y otra vez El Reino del Revés esperando que se me caiga alguna idea. Pero me quedo de nuevo como una boluda mirando la pantalla y escuchando los brillantes versos de María Elena Walsh que no paran de darme cachetazos. “Un ladrón es vigilante y otro es juez…”

 

yASGUA

Mirá la peli completa:

 

Encontrá esta nota y muchas más en el N°5 de Revista Dr. Gonzo

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